Noche de bodas infernal

Noche de bodas infernal

Keila estaba emocionada, su sueño se cumplía. Hasta los 16 años de edad soñó con un príncipe azul, un galán del cual se enamoraría y a quien haría feliz por siempre y vivirían como una pareja perfecta con muchos niños…

Pero a partir de los 17 – 18 su manera de pensar cambió. Su nuevo sueño era enamorar a un viejo con mucho, mucho dinero y poca, pero muy poca vida por delante. Esa era la fórmula perfecta, quedar con compañías, autos y mucho dinero bien valía el sacrificio de acostarse con algún vejete.

Hoy, a sus 22 años y después de sufridos 14 meses de noviazgo con el viejo Manta, dueño del más grande concesionario de autos en la ciudad y de otros negocios que ella pudo conocer apenas empezaron a salir y que le aseguraron que era el indicado. Joe Manta no era precisamente un viejo verde, tenía cierto atractivo aún con sus canas y por ello muchas mujeres lo buscaban pero ella, como toda una tigra, las alejaba, era su presa.

El viejo Manta sufría de problemas cardíacos, así Keila calculó un tope de 5 años para que muriese de un paro o algo así.

Luego de la boda volaron a un hotel propiedad del viejo en un país vecino. Se entregaron a una maratónica jornada de sexo desenfrenado. Por varias horas no parecía un viejo, Keila se extrañó de su virilidad y resistencia hasta que empezó a toser, la llamó, estiró la mano y murió. La muchacha lo tocó en el cuello, buscando pulso y del miedo pasó a una leve alegría que empezó a crecer, sin esperar mucho, ya era dueña de negocios y dinero a montones. Se levantó de la cama y no pudo evitar reír en voz alta pero a los segundos de empezar a reír, otra risa se unió a la suya. El viejo estaba detrás de ella, riendo a carcajadas, la levantó apretándola por los hombros y no pudo creer lo que veía:

El hasta hace poco viejo Manta ahora era un joven musculoso que parecía no parar de crecer, su piel fue adquiriendo un color blanco, no pálido, sino blanco como la cal y sus ojos rojos, parecían estar fuera del blanco y musculoso cuerpo. La lanzó en la cama y la obligó al sexo mientras el contacto con su cuerpo la quemaba, matándola lentamente. Antes de morir, miró en el espejo el reflejo de ambos y vomitó de lado al notar que desde las piernas, abdomen, de ese demonio salían bocas que lamían y mordían su cuerpo, arrancándole la vida a pedazos.

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