Los espectros del cementerio

Los espectros del cementerioHace años las pesadillas de terror me perseguían día tras día. No había una madrugada en la que no despertara bañado en sudor o por lo menos gritando fuertemente. Los temas de mis sueños eran diversos, aunque la mayoría de las veces terminaban en las mismas circunstancias.

Infaliblemente me perseguían ánimas del más allá. Sabes a lo que me refiero, ese tipo de sueño en el que por más que corres, jamás puedes alejarte lo suficiente del peligro. Para empeorar las cosas, mi escapada terminaba cuando me encontraba en un callejón sin salida.

Mi corazón se me salía por la garganta al notar que las apariciones iban a terminar con mi vida, hasta que abría los ojos y ya estaba en mi recámara de nuevo.

Sin embargo, una noche en la que la redondez de la luna llena podía apreciarse totalmente, es decir, no había ninguna nube en el cielo que se interpusiera entre el satélite y la ventana de mi alcoba, me acosté a dormir con la esperanza de soñar cosas agradables.

Para asegurarme de que eso fuese lo que pasara, únicamente cené un par de bizcochos acompañados de un vaso de leche. Al principio mi sueño marchaba sin exaltaciones. No obstante, de momento la locación en donde me hallaba se cambió por la del cementerio municipal.

Podía leer las inscripciones que había en cada una de las lápidas. Lo más impresionante era que cada uno de esos epitafios hacía referencia a un homicida distinto. Miré al cielo y observe que la luna estaba tal y como la recordaba antes recostarme.

– Tengo que despertar, tengo que despertar. Pensaba en voz alta mientras caminaba hacia donde se suponía que se ubicaba mi domicilio.

A pesar de eso llegué hasta allá y miré a través del ventanal que aún continuaba dormido. Supe que no había escapatoria, el enfrentamiento con los espectros era inevitable. Imaginé que traía en la bolsa del saco de mi piyama una navaja afilada. La empuñe firmemente y enfrente a los fantasmas. El más bravo de ellos consiguió herirme en el brazo izquierdo.

Luego de una lucha encarnizada, mate a todos y en ese momento me desperté. Encendí la luz y noté que mi brazo continuaba sangrando. Hasta hoy no he podido encontrar la navaja que traía en el sueño.

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