La cajita de cerillos

La cajita de cerillosAlba estaba acomodando las prendas de su guardarropa, pues tenía propuesto donar algunas de ellas a la caridad durante este año. Sin mayores aspavientos, tomó una gran cantidad de vestidos y los echó una gran caja de cartón.

No obstante, cuando llegó la hora de revisar la chaqueta que le había regalado su prima Berenice, un sentimiento de tristeza hizo que sus ojos se llenaron de lágrimas, puesto que ella había fallecido hacía unos pocos meses.

En uno de los bolsillos interiores encontró una pequeña caja de cerillos, la cual le trajo a su mente recuerdos muy agradables. Ese pequeño artículo publicitario era del hotel en donde se habían reunido ella y Berenice durante las vacaciones de invierno.

Se acordó de los hermosos cuentos cortos que escuchaban ambas durante la infancia.

Una de esas historias hablaba sobre un niño que trabajaba vendiendo billeteras en una esquina de la gran ciudad.

El pequeño aparecía allí desde las ocho de la mañana y no se iba hasta pasadas las nueve de la noche. Los otros vendedores que ya le conocían, a veces le ofrecían un poco de comida, aunque eso escaseaba durante la época invernal, ya que el clima era muy extremoso.

Pese a todos esos inconvenientes, el niño no cejaba en su empeño de salir adelante. Un martes por la tarde una ventisca azotó el condado. Lo único que se veía en las calles eran los autos cubiertos de nieve. Sin embargo, el chiquillo continuaba en la esquina tratando de vender sus billeteras a cualquier persona que pasara, aunque tiritaba de frío.

Fue entonces cuando un carro blanco se detuvo y el vidrio de una de sus ventanillas traseras descendió rápidamente. Luego de eso se asomó una linda mujer quien le dijo:

– He chico ¿no crees que ya es tiempo de que te vayas a tu hogar y dejes de estar jugando aquí? Es día de gracias.

– Señora lo que sucede es que yo no tengo casa. Soy huérfano, duermo en aquel cobertizo.

La mujer sintió un nudo en la garganta y sin pensarlo invitó al niño a su casa para cenar. Al poco tiempo ella lo adoptó y así los dos obtuvieron lo que sin saberlo habían estado buscando. Él el cariño de una madre y ella el amor de un hijo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *