El parque de diversiones

El parque de diversionesUn domingo por la tarde Paco fue en compañía de sus amigos a un parque de diversiones que recientemente habían inaugurado a unos cuantos kilómetros de su casa. El lugar era enorme, había juegos de todas clases (electrónicos, mecánicos etcétera).

Además en la zona central, se estaba presentando un espectáculo de aves exóticas. A Paco no le gustaba ir a esa clase de lugares, pues debido a una lesión de la espalda no se podía subir a “atracciones bruscas”.

– Ustedes vayan a divertirse. Yo aquí los espero. Les decía a sus amigos.

Con todo y eso las horas pasaron rápidamente. Mientras aguardaba a que sus camaradas bajaran de la montaña rusa, un edificio de colores capturó su atención. Al frente de la construcción podía leerse el siguiente título:

“Bienvenidos a la casa de los Espejos”. Se dirigió rápidamente hacia allá y cuando quiso entrar, notó que en la puerta había un aviso que decía: “Fuera de servicio, lamentamos las molestias que esto le ocasiona”.

– No puede ser. Ni modo, será para la próxima. Pensó.

Estaba a punto de regresarse a su sitio, cuando por accidente vio que la puerta principal solamente estaba emparejada.

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Volteó en todas direcciones para ver si nadie lo estaba mirando y suavemente empujó la puerta y entró. Del lado izquierdo, encontró cinco interruptores. Como no sabía cuál de ellas era el que activaba las luces, decidió subirlos todos.

Saltaron algunas chispas y se escucharon varios sonidos, pero el sitio se iluminó en un santiamén. Aquello era una especie de laberinto en el que los espejos formaban distintas rutas.

Cada una de las láminas tenía una altura aproximada de 2 m de alto por metro y medio de ancho.

– No entiendo porque cerraron este lugar, si todo parece estar en perfecto estado. Pensaba Paco en voz baja.

Por supuesto, había un poco de polvo, pero con una ligera sacudida se podía solventar ese pequeño inconveniente. En lugar de buscar una salida, Paco se detuvo frente a cada uno de los espejos que tenía delante.

En uno de ellos su imagen parecía la de un gigante. Por el contrario, en otro era igual a un enano. Así sucesivamente, hasta que llegó al que se hallaba hasta el fondo. No pudo seguir caminando, pues lo que vieron sus ojos, hizo que se quedara congelado con los pies atados al suelo.

Era el, sus mismos rasgos, su misma complexión, sólo que había envejecido aproximadamente unos 40 años. Su abundante cabellera de color ébano, se había transformado en una cascada de hilos plateados.

Tocó con su mano izquierda el vidrio y observó cómo uno de sus dedos traspasaba hacia el otro lado. Intrigado por el suceso, creyó que lo mejor era hacer lo mismo, únicamente que esta vez con su mano derecha. Para su sorpresa, el resultado fue el mismo.

Posteriormente, acercó su cabeza y la introdujo a través del espejo. Fue entonces cuando sus ojos pudieron ver un cuarto lleno de espejos rotos y calaveras. Pese a eso, decidió trasladarse hacia el otro lado.

Cuando su cuerpo pasó totalmente, se escuchó un estallido y una luz potente lo cegó por unos minutos. Luego de recobrar la vista, se dio cuenta de que estaba en ese nuevo sitio, acompañado solamente de huesos.

Quiso volver, pero no pudo pues el espejo por donde entró se había roto en mil pedazos

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Los amigos de Paco dieron aviso a las autoridades de su desaparición, no obstante, su cuerpo jamás fue encontrado.

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